El Cigarro y su Misterio
Un dia mientras escuchaba la musica de nuestro queridisimo compositor Puertorriqueno, Juan Morel Campos, me vino a la memoria algo olvidado por mas de cuarenta anios.
Sucediera un Viernes en la tarde, luego de una tipica cena de arroz con abichuelas marca diablo, frente a una rojiza caida de sol que cubria nuestro balcon como una llamarada.
Mi amiguita Ville y yo gozabamos de un mav? bien frio mientras veiamos el show de las cinco del canal 2 con Gaby Fof? y Miliki, nuestros payasos favoritos.
En eso notamos que Mam? de Caguas (como le deciamos cari?osamente a mi abuelita) y otros miembros de la familia formaban rueda afuera en el corrar frente a un enorme palo de Mang?, admirando algo que sacaban de una gran bolsa de papel marr?n.
V?lle y yo corrimos a ver lo que pasaba y asi fue que descubr?mos de donde venia el aroma que mi abuelita llevaba encima al regresar del trabajo.
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Eran cigarros echos a manos que ella misma habia supervisado. Con una sonrisa p?cara y concentidora me dijo, “ tu abuelo los hac?a tanbien ”. En eso V?lle quien solo contaba con diez a?os grit? “ ?déjame fumar uno, déjame fumar uno!” y yo de ocho a?itos detr?s de V?lle grité “?y yo tanbien!...y yo tanbien!” Sent? la magia del momento al ver que aquella sonrisa consentidora no desaparec?a del rostro de mi abuela.
No se quien encend?o aquel cigarro negro pero todos jal?ron de el y luego lleg? mi turno.
El humo era espeso y suave, caracter?stico del tabaco fino y cultivado al sol en las monta?as de San Lorenzo. Aunque solo se me permitieron tres jaladas nunca podré olvidar aquel placer inic?atico, algo as? como hacer burbujas de jab?n por la primera ves.
Curiosamente, aquella fuera la noche en que me llevaron a ver mi primer juego de Beisbol en el Parque Sixto Escobar de Caguas. Recuerdo que el juego no llamaba mi atenci?n y que solo queria regresar a casa a fumar mi cigarro. Al regresar del juego le pregunte a mi abuela por los cigarros . Sus ojos se encendieron m?s brillantes que la llamarada de las tardes y me dijo,
“?No se?orito..aquello fue solo una vez, usted no esta de edad para hacer lo que quiere!”
Al paso de los a?os nunca me interes? ni el cigarrillo ni el cigarro. La experiencia del cigarrillo la encontré siempre desagradable, e imaginé que los cigarros eran peor aun.
No fuera hasta aquella tarde m?gica escuchando el Cuatro y el güiro de los hermanos Col?n Zayas interpretar la m?sica de Morel Campos, que despert? en mi conciencia el misterio de la tradici?n del cigarro.
El viaje épico de Cristobal Col?n en el 1492, relataba en sus diarios un reporte de dos compa?eros que se aventuraron dentro de Cuba, encontrandose un gran n?mero de nativos “con tubillos encendido, echo de una planta aromatica la cual era su costumbre inhalar”.
Tal costumbre se reg? con los marinos y conquistadores hasta llegar a las costas de Espa?a y Portugal. La historia nos hace creer que el embajador Frances Jean Nicot llev? la substancia a Francia, y de ah? dandole nombre a la planta , la nicotina.
Sin embargo, un monje Frances llamado André Thevet fue quien llevara el tabaco a Francia en el 1556 cuatro a?os antes que Nicot. El monje cre?a en el poder medicinal del tabaco.
No tom? mucho tiempo para que el uso del cigarro fuera algo com?n en casi toda Europa.
A mediados del siglo XVII, las fabricas de cigarros se respandieron utilizando miles de trabajadores y el resto es historia.
Asi fue que olvidamos por completo el aspecto espiritual de la planta, tal y como la vivieron nuestros indigenas.
El término cigarro viene de la palabra Maya Sikar, que quiere decir fumar.
En la spiritualidad de las culturas ind?genas el tabaco es considerado como algo sagrado y era usado como un medio de acci?n de gracias.
En cierto sentido el tabaco es un incienso, utilizado para la purificaci?n del medio ambiente o rincones sagrados donde entramos en contacto con nosotros mismos.
No es concidencia la de encontrar Santeros que fuman un cigarro durante los despojos u otras operaciones sham?nicas.
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El nativo de nuestras tierras tenia una perspectiva de la vida que enlazaba dos mundos opuestos pero inseparables: el mundo natural (f?sico) y el mundo espiritual. Con tal perspectiva, nosotros como humanos existimos en nuestra forma f?sica en el mundo natural y existimos como esp?ritus en el mundo espiritual. Estos dos mundos se ilustran con gracia en el conocido s?mbolo Chino del Ying and Yang.
La contemporanea tendencia de ignorar el aspecto espiritual de nuestra realidad, no es diferente a la vivieran nuestros antepasados al encararse con el mundo materialista venido de Europa. La tendencia es de relativizar nuestras tradiciones y embrazar las costumbres de otra cultura que se impone como superior a la nuestra.
Durante la décadas del 60 y 70 del siglo pasado, vimos un renacer en la espiritualidad de la juventud del mundo entero.
Los libros del autor Latino, Carlos Casta?eda Las Ense?anzas de un Indio Yaki, y Una Realidad Separada, fueron responsable de despertar en toda una generaci?n la curiosidad a un mundo invisible y lleno de misterio.
Es desde ese punto de vista en nuestra vida interior que podemos ir m?s all? de lo que nos d?cta la cultura contemporanea.
La manera en que se ha usado el tabaco en los ultimos dos siglos es un absoluto sacrilegio, podemos ver el resultado en los miles de casos anuales del Cancer debido al abuso del fumar.
El cigarrillo en s? no es tabaco, pero es m?s bien un derivado de este y esta saturado de amonia.
Es la misma diferencia que podemos encontrar entre una Coca Cola y un vaso de agua con sabor a Coca Cola.
Es hora de otorgarle la dignidad que se merece el cigarro de nuestra tierra. Sin que abusemos de su misterio para convertirle en vulgar placer.
Creo que es un deber el de fumarnos un cigarro al menos una ves en la vida.
De hacerlo en un ritual personal, con la mente abierta a lo invisible,
prefer?blemente en la naturaleza y no en un bar.
Encendamos apropiadamente ese cigarro que nos destin? alguna musa y no como si fuera un miserable cigarrillo.
Y desde ese rinc?n sagrado soplaremos una ofrenda a los cuatro vientos.